Dos más dos menos

Cuál es el origen de una de mis canciones más emblemáticas

Me hacen mucha gracia las explicaciones que nos damos cuando las cosas no salen como queremos. La mala suerte, la alineación de Saturno, el vecino que nos tiene envidia, los enchufados, los dioses, los bancos… El abanico de excusas puede ser tan amplio como la imaginación lo permita. Durante una temporada escuché tantas que pensé que igual había que escribir una canción para recordarnos —a todos, también a mí— que, salvo alguna sorpresa del destino, las cuentas de la vida suelen salir más o menos coherentes.

Dos más dos menos surgió a partir de esa pulsión, con humor y un poco de sentido común. No creo en la suerte, si acaso en los magos; son más entretenidos y al menos reconocen que lo suyo es un truco. Nunca me han convencido los discursos que prometen soluciones milagrosas: atajos sin esfuerzo o destinos garantizados con solo encender una vela. La vida tiende a ser más tozuda que eso.

La canción juega con la idea de que casi todo cuesta. No nos suelen regalar casi nada. Y aunque a veces pitan penalti sin que te hayan tirado —y sí, incluso Osasuna a veces gana al Madrid en su campo—, la mayoría de los días uno acaba recogiendo, dos más, dos menos, lo que ha sembrado.

También hay que reconocer que hay gente sin talento que triunfa con un golpe de suerte, y personas con dones de extraterrestre que están siempre a las puertas de sus quimeras. Las matemáticas no siempre reinan.

El estribillo tiene ese punto de provocación cariñosa que me gusta: si estás solo es porque quieres. Una invitación amable a mirarse al espejo sin dramatismos, a asumir pequeñas responsabilidades y quizá a dejar de pedirle a la vida que multiplique los panes sin haber comprado antes un poco de harina.

Esta canción es solo una manera ligera —y un poco gamberra— de decir que la vida funciona mejor cuando dejamos de buscar excusas y empezamos a trabajar, que es lo que —como dirían hoy— renta.

DOS MÁS DOS MENOS

Cada uno posee lo que se ha ganado,

descontando lo que otros le arrebataron.

Lo que habita en tus manos

es lo que recolectaste,

lo que algún día tendrás,

sólo depende de tu arte.

Yo no creo en la suerte,

si acaso en los magos.

Lo sobrenatural nunca vence a lo humano.

Ni las cuatro esquinitas, ni las velas a los santos,

ni amiguismos ni enchufes,

ni el préstamo de un banco.

Porque al final

—dos más, dos menos—

las cuentas salen

—o así lo creo—

Si estás solo es porque quieres,

si no quieres...

pues ya sabes.

A veces pitan penalti sin que te hayan tirado,

a veces incluso ganan al Madrid en su campo.

Las matemáticas no reinan, pero ejercen su trabajo:

uno y uno no son siete

aunque lo oigas en la radio.

Y no es que la providencia viva en el paro,

soy testigo de haber visto milagros casi a diario.

Solo digo que quien sube a la cima sin cansancio

normalmente baja dando

volteretas, magullado...

Porque al final

—dos más, dos menos—

las cuentas salen

—o así lo creo—

Si estás solo es porque quieres,

si no quieres...

pues ya sabes.